La espiritualidad, como la ciencia, es un campo de investigación y estudio. Queremos comprendernos a nosotros mismos, el mundo que nos rodea y lo que significa estar vivo en la Tierra. Queremos descubrir quiénes somos realmente y comprender nuestro sufrimiento. Comprender nuestro sufrimiento nos lleva a la aceptación y al amor, y esto es lo que determina nuestra calidad de vida. Todos necesitamos ser comprendidos y amados. Y todos queremos comprender y amar. Todo esto forma parte de nuestro viaje espiritual. Esto es lo que el difunto maestro budista Thich Nhat Hanh nos dijo en su libro El Arte de Vivir.
¿La espiritualidad es religión?
No, no lo es. La espiritualidad es un camino para generar felicidad, comprensión y amor, para que podamos vivir profundamente cada momento de nuestra vida. Tener una dimensión espiritual no significa escapar de la vida ni vivir en un lugar de dicha fuera de este mundo, sino descubrir maneras de afrontar las dificultades de la vida y generar paz, alegría y felicidad donde estamos, en este hermoso planeta.

Afortunadamente, tenemos una alternativa.
También podemos considerar la espiritualidad más allá de la religión. Se trata de una profunda reflexión. Seguimos haciendo lo mismo, nos hacemos preguntas existenciales, pero esta vez indagamos más, experimentamos más, en lugar de creernos todo lo que nos sale al paso.
Meditar es observar profundamente y ver aquello que antes no podíamos ver. Muchos no nos conocemos tan bien. Creemos que sí, pero al observar con atención, los resultados son diferentes. Vemos nuestros pensamientos como quien ve el cielo nocturno desde una ciudad contaminada. Todo es borroso y confuso, y no podemos comprenderlo. Emprender un viaje espiritual es como subir a las montañas, donde empezamos a percibir el centelleo de las estrellas. Es liberador.
